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yomas Emilio era una persona apesadumbrada por los problemas económicos que estaba padeciendo. Había solicitado prestamos para atender ciertas necesidades urgentes en su oficina, que desbordaban ampliamente sus ingresos. Llamadas de los bancos, cartas amenazadoras de embargo, Hacienda le reclamaba dinero por efectuar erróneamente la Declaración. En fin, estaba agobiado por todas partes. No dormía. Estaba tan acojonado, que no podía ni tener erecciones. La noche anterior, estando acostado, pensando con situaciones eróticas tuvo un atisbo de erección y queriendo aprovechar la misma, quiso follar con su mujer para ver si se relajaba y conseguía conciliar el sueño. Ella estaba de espaldas con su culo hacia el. Le acercó la polla y la fue rozando pasando una mano por encima le cogió un pecho frotándolo y pellizcando los pezones. ¿Que quieres? -dijo ella. -Como hace tiempo que echamos un polvo, vamos a ver si hoy lo hacemos. -No tengo muchas ganas -dijo ella. El insistió y consiguió que ella se pusiera con las piernas abiertas. El se supo encima y ella, al ver la polla de su marido medio flácida, se echo a reír con tantas ganas, que se tiró dos pedos. !Lo que faltaba¡. Si el pijo estaba medio flácido, con eso, se aflojó del todo. A la mañana siguiente, aún tuvo que soportar las indirectas de su mujer. Se vistió, tomó su desayuno y salió hacia su oficina. Una vez allí, entró en su despacho y se sentó con la cabeza entre las manos. Unos golpes dados en la puerta le despertaron de su sopor. !Adelante¡ -dijo-. Era Elvira. su socia en el negocio. Llevaba un año separada de su marido. No era una mujer guapa, ni mucho menos. Bajita, bastante gruesa, con el culo aplastado, tetas muy gordas y subidas (se supone que por el sostén) que siempre dejaban ver el inicio del canalillo. Era lo mas agradable que tenía de su aspecto. ¿Que te pasa? -preguntó Elvira. Emilio tenía confianza con ella, pero de eso a hablar de sus intimidades, había un abismo. No me pasa nada -dijo Emilio. Es que llevo unas noches que no duermo muy bien. A mi me está pasando lo mismo, este puto (es bastante basta hablando) negocio no acaba por salir adelante y eso no me deja ni dormir. No tengo ganas ni de masturbarme. Le extrañó la confesión de esa intimidad, pero dado su carácter, ni le extrañó ni le hizo caso. A eso de la doce, apareció Elvira, con una bandeja y dos cafés y con ganas de hablar. Mira, Emilio -dijo mientras movía el café con la cucharilla- Vamos a ser claros: Cuéntame lo que te pasa. Me estas deprimiendo y poniendo nerviosa. Me preocupas tú, por lo que significas para el negocio. Si tú te caes, nos caemos todos y hay unos cuantos empleados y sus familias que dependen de nosotros. Insistió tanto y tantas veces, que al fin él, le contó la historia de la noche anterior. La escuchó atentamente y con una gran comprensión. Salió del despacho y no dijo nada. Emilio se quedó pensando \"No es muy guapa ni tiene buen tipo, pero para mamarla y después pegarle un polvo no está mal\" A lo mejor estas mujeres son buenas folladoras. Recordó también que antes de sapararse de su marido había escuchado una charla que tenía con una empleada que le decía \" si no estuviera casada me ligaría a Emilio\" Entro de nuevo en el despacho con unas pastillas y le dijo: -Para evitar que se mustie, tómate esta píldora ? hora antes de follar, y ya me contestaras. El creyó que se la daba para que jodiera con su esposa y no hiciera el ridículo. Pensó que era una tontería - No creía en estas cosas así que por curiosidad y ver los efectos de esa pastilla,se la tragó. Pasó la media hora, y empezó a sentir un leve cosquilleo en el pene. Como estaba solo, se metió la mano por el pantalón y se lo tocó. Aquello iba subiendo poco a poco. A los 10 minutos tenia la polla hinchada y dura como hace años no la había tenido. Empezó a masturbarse lentamente. De repente se abre la puerta y entra Elvira. Se supone que la muy ladina estaba con el reloj en la mano. ¿Han hecho ya efecto? La que me tomado yo me ha puesto enormemente cachonda. Sin decir nada mas, se acercó a él, se arrodilló ante su capullo y le puso un sombrero con sus morros. Chupó, lamió y aspiró todo lo que pudo. El se estiraba en la silla levantado la pelvis todo lo que podía para que ella engullera mas carne. De repente se levantó y se bajó la falda y se quitó la blusa. Se confirmaba lo que Emilio pensaba, \"gruesa, sin mucho culo y grandes tetas\" Le ayudo a quitarle el sostén (mas bien una serás) y cayeron dos grandes y blancos pechos, con unos pezones de 1 cm. y una roseta de 6 cm. de diámetro. El estaba estupefacto por lo que veía. No se podía quitar la ropa por lo que estaba viendo. Ella le quitó la camisa a tirones y le quitó también los pantalones. Aprecia que tenía tres piernas, dada la longitud que había adquirido su pene. No hubo besos. Sin decir palabra, ella se sentó en la mesa y me abrió su gran coño negro. Yo no la besé en la boca, pero el coñazo tenía imán. Separó los pelos con los dedos y cogió su clítoris y lo chupó. Ella empezó a retorcerse y echar hondos suspiros. Fóllame, Emilio, -dijo roncamente- fóllame y no tengas miedo de que se te baje, que aunque te corras no se arrugará hasta que pasen 2 horas. Era tanto el deseo de follar de Emilio, que no pensó mas. Acercó su prepucio a la entrada de su vagina, lo apoyó en la entrada y embistió ferozmente hasta hundirle toda la polla de un solo golpe. No hubo alguna resistencia dada la gran lubricación que tenia el agujero. La cogió las nalgas con las manos y dió tres o cuatro embestidas y se corrió echando toda la leche que tenía acumulada de tanto tiempo. Esperaba que su miembro se aflojaría, pero no, seguía igual que antes; sin sacarla siguió bombeando. Durante quince minutos siguió de la misma manera. Ella se corrió 6 veces. Cuando ya le dolían los riñones de tanto mete/saca, se retiró. Ella no estaba aún satisfecha a pesar de sus corridas, así que se bajó de la mesa y apoyando las manos en ella, le puso el culo en pompa para que se la metiera por detrás. El cogió su capullo con una mano y con la otra con dos dedos abrió su ano. Embistió y la metió de un solo golpe. Los dos creían que se morían de gusto. Llegaron a un orgasmo tan grande, que quedaron extenuados. Sin decir palabra, se vistieron, Elvira se fue a su despacho y a Emilio se la pasó la depresión, mandó a la mierda a los Bancos, a Hacienda y su mujer podía tirarse todos los pedos que quisiera. El ya tenía \"su enfermera\" que le daba una pastillita y se le curaban todos los males. FIN

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